Muchas
veces la forma en la que habitualmente trabajamos no resulta eficaz para todos.
Planificamos como si todos fueran iguales y nos centramos en una secuencia de
temas antes que en el desarrollo de capacidades del estudiante. Así mismo
solemos atribuir las causas del escaso o nulo aprendizaje de los estudiantes a
ellos mismos o a sus familias: "No atienden", "tienen problemas de
aprendizaje", "no tienen retención", "están
desnutridos", "son pobres", "sus familias no los
apoyan", etc.
Por
ello, asegurar que todos los estudiantes aprendan, nos exige:
1. Reconocer
que toda aula es heterogénea, que los estudiantes son diferentes entre sí y que
no podemos eludir trabajar reconociendo estas diferencias, lo que supone
conocer y valorar las propias características de nuestros estudiantes.
2. Hacer
uso de diversas estrategias y herramientas para el proceso de
enseñanza-aprendizaje.
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